"No aclares,
que oscureces"
que oscureces"
Había una vez una mujer que se dedicaba a la maquila de ropa todos los días, siempre y bajo presión, en un taller improvisando dentro de su casa, apoyada apenas por un par de personas, esto porque tenía que mantener a su marido, ese hombre del que se enamoró perdidamente, que era bueno, amable y gentil y al que debía mantener ahora ella sola porque había quedado paralítico producto del impacto de bala que recibió durante un asalto; así pues, Emma vive atada por la culpa, por el no saber cómo enfrentar la situación a la que le ha orillado una pobreza crónica, extrema.