A veces, la vida nos da sorpresas pero no de esas que son felices, sino sorpresas amargas, de las que cierran la garganta en cuanto se aparecen por la lengua; a veces, decidimos que la vida es muy hermosa, pero no es suficiente; que la felicidad es maravillosa, pero no existe todo el tiempo.
A veces, descubrimos que aunque la vida sea prodigiosa, nos falta algo más para poder disfrutarla... algunos deciden tirar la toalla y mirar a otro lado... algunos más deciden saltar al vacío.
¿Saltar al vacío?
¿Qué es saltar al vacío?, ¿abandonar, claudicar, rendirse?; ¿o saltar al vacío es dejar de luchar, dejar de batallar y hundirse un poquito, rendirse a la corriente y permitir que nos arrastre?
No basta con ver las maravillas de la vida, a veces queremos disfrutarlas por completo, tenerlas para nosotros, poseerlas, abrazarlas y ser capaces de besarles las mejillas, rozarlas con nuestra nariz y oler su aroma; por eso hay tanta gente feliz que se tira por la ventana cuando menos nos lo imaginamos, personas que iban a sitios a bailar, a cantar, a beber, y sí, cantaban canciones a toda garganta y sin siquiera advertirlo se pusieron una pistola entre los dientes y jalaron el gatillo.