Soy una persona que pareciera que no hace nada, pero por otros momentos parece que no se queda quieta; hace ya casi dos años, comencé a ir regularmente a natación, me iba dos veces por semana y nadaba cerca de una hora en una alberca olímpica, la que se localiza en Aguascalientes, penosamente, como empecé a trabajar en donde ahora laboro, ya saben, con horario regular por la mañana y eso, pues tuve que dejar de ir a mis clases de natación y me tiré a la flojera. Hace poco más de dos meses, me reintegré a la natación, porque mi espalda estaba ya sufriendo demasiado por los kilitos que he estado ganando y porque, bueno, porque tengo que ponerme de mejor físico, porque si una no se cuida no la va a cuidar nadie.
Pues bien, en aquellos días que iba a natación por las mañanas, camino de la casa de una amiga a la que iba a ver, solía pasar por una casa deshabitada, ahí tenían encerrado a un perro de raza Cocker, un orejoncito precioso que siempre olía con gusto mis manos cuando pasaba a su lado; de cariño, mi amiga Fanny y yo le pusimos "Orejitas" y como lo tenían muy descuidado, solíamos ir y darle algo de comer a través de la reja de vez en cuando. Cuando me vine a trabajar, perdí todo contacto con el perrito y pasó mucho tiempo antes que volviera a verle, alguna vez fui y pude volver a acariciarlo y sí, me recordó y se alegró mucho; pero hace unos días, pasó lo que me tiene bastante... impresionada, sorprendida, preocupada.




