jueves, 18 de octubre de 2018

"Me costaste una fortuna... " (Mujeres Asesinas, México S02E08)

"-¿Qué?
-¿Y si te acompaño a casa de tu tío?
-No lo sé... ¿estás segura de que esa es tu decisión?"



Soledad cautiva

Este... este es de bombo y platillo, hay otros muy buenos, pero este te crispa, así de sencillo; crispan varias cosas, pero las iremos puntualizando para que las vayan ustedes analizando, eso sí, si no han visto este, vayan primero a verlo y después regresan acá conmigo; hay que verlo antes del comentario, porque más que un capítulo de una mujer que se ve orillada por las circunstancias a matar, acá tenemos a una chica que cae en manos de una máquina de hacer dinero, una de esas maquinas a la que no les importa suavizar sus engranes con caliente, espesa y pegajosa sangre. Claro, la cosa sería buena si sólo fuera sangre, la realidad es que hay cosas peores que sangrar.


Soledad (Angelique Boyer) es una chavita que emberrinchada se baja del coche de su papá luego de una discusión con él y su madrastra, caro le sale el asunto, porque sin querer empieza a vagar por la carretera sin saber a dónde ir; en una parada técnica, se encuentra con un muchacho que le invita unas quecas y sí, porqué no, ya que el chico está de muy buen ver, se va con él. Así, Soledad y Esteban (Alfonso Herrera) agarran camino rumbo a la casa del mentado tío, donde el muchacho trabaja, al principio el plan es sólo que Soledad se acerque más a su destino y que Esteban la deje para seguir su camino, pero luego de pasar una noche en un hotel, la muchacha queda encandilada con el susodicho y pues sí, cae.

Decide, así de simple, seguirlo hasta la casa de su tío, donde es tomada por la fuerza, drogada y arreglada para su nueva vida en aquella ratonera: ahora es una Diosa del Amor, entre un montón más de muchachas que engañadas como ella, ahora son víctimas de una red de prostitución y trata de blancas.

Tras las drogas la pobre Soledad despierta rebautizada, ahora se llama Cindy y tiene que complacer a su nuevo patrón, interpretado por el villanazo de Roberto Ballesteros, Jorge, quien abusa sexualmente de ella para irla amoldando a lo que ahora será su trabajo y su día y noche; Cindy es entrenada para cumplir las expectativas de los clientes, intentan lavarle el coco diciéndole que debe hacer bien su trabajo en aras de que llegue el comprador ideal, uno que se enamore de ella, que la ame y enloquezca por tenerla, al punto de pagar su alto precio y ganar así su libertad. En pocas palabras, Cindy es parte de una de las ventas de carne más lucrativa del mundo, transformada en una marioneta que complazca las necesidades de sus compradores, destinada sólo a dar placer y dinero a sus captores.

Soledad se difumina poco a poco y la Boyer lo logra evidenciar en el rostro, en las miradas, en la actitud, y lo vemos ante nuestros ojos, Soledad no existe más, ya sólo queda Cindy y su ser agrietado y vacío; aun cuando no quiere seguir siendo parte de aquello y se niega a aceptar su nueva condición, luchando incluso contra las compañeras del negocio, tiene que ponerse del lado de sus captores y trabajarles, con la esperanza de encontrar la forma de escaparse de ahí. Cuando llega una nueva chica al lugar, se organizan algunas de las muchachas para fugarse de ahí, ideando todo un estratagema a fin de encontrar su libertad.

Dos actuaciones se llevan en el capítulo la historia, Angelique y Ballesteros, son en serio buenos, y perdónenme las fanáticas aguerridas y obsesivas de Alfonso Herrera, pero aunque sale muy bonito y romancea y seduce, no hace nada nuevo en este capítulo; la historia la tienen Boyer en sus manos, la forma como llora, el drama en que vive, su rostro... en serio que nos pega, sin remedio. Luego del escape de algunas de las chicas y la tragedia que ello provoca, vemos a nuestros insípidos oficiales buscando la forma de llegar al rescate, en secuencias bastante mal hechas y exageradas como siempre, en que en menos de cinco minutos resuelven cosas que sabemos en México, llevaría décadas arreglar, pero en fin.

Pronto tenemos a todos tomando el lugar por sorpresa y rescatando a las muchachas en una secuencia más bien mensa, donde los oficiales sostienen armas en alto mientras las chicas lloran a sus espaldas, todo mientras en la habitación de Cindy ocurre la desgracia; sin saberlo, el cliente que la solicita aquella noche es Esteban, el que la enamoró, descubierto ahora como el cazador de inocentes. El rostro de Cindy cuando ve que su visita esa noche es Esteban, el cómo lo mira por el reflejo del espejo, es fabuloso, no es la chica que recogió en la carretera, no es la joven que se le derrite en las manos con risas avergonzadas, ahora es la mujer ácida y corrosiva que le agradece el haber pagado todo lo que pagó, porque ella lo vale.

¿Esto es un caso de amor?, sí, lo es, es casi una metáfora del enamoramiento, conoces a alguien, te ve distinto, te la crees. Y caes. No hay red abajo, no hay qué amortigüe tu caída, es sólo el vacío inmenso y el impacto contra el suelo rocoso, no hay otra cosa, sólo el doloroso golpe de la realidad; así que sí, Cindy recibe a Esteban de brazos abiertos y casi triunfante, porque como bien dice en su momento: Todos tienen que pagar. 

Para estas alturas del amor queda más bien nada, sólo queda la supervivencia y el buscar venganza, porque hay dolores que sólo menguan cuando se satisface la necesidad de justicia; el final del capítulo es casi... ¿poético?, la mujer en que se transformó Soledad es algo muy lejano a una mujer, alega que se convirtió en una prostituta, pero no, está más allá de eso, porque ella fue encadenada, violada, vendida, y además y para colmo obligada a verse feliz por ello. Así que cuando apuñala y desgarra, cuando rompe y corta, uno siente sorpresa, admiración, pero no le juzga ni le recrimina y las mujeres incluso nos identificamos.

Ah, qué forma de tomar el sacacorchos y romperle la cara a alguien, y luego la botella de vino contra la mesa y a apuñalar sin miramientos, claro, gritando a voz en cuello una verdadera identidad, ultrajada, molida a golpes, destrozada a fuerza de violencia, abuso y placer... sin duda, de lo mejor que vemos en la temporada, y por mucho, todo a manos de ella, porque los demás bailan entorno a su interpretación, y no al revés.

Y el capítulo se merece un 9.8... y aplausos y chiflidos... porque negocios de esos existen y lo que vemos apenas es una probadita de esos infiernos disfrazados de cielos... y valdría la pena mirar a todos lados y pensar, si no tendremos uno al lado de nuestra casa.

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