He de narrarles la historia del día de hoy, porque me ha dado con un poco de verdad de la vida en la cara, directo en la cara como una bofetada placentera, reveladora y divertida; el día de hoy mientras me disponía a darme un baño, me dirigí a la ducha cargada de ropa hasta el tope, ya saben, hace frío en exceso y si no salgo bien abrigada con lo "delicada" que soy, me da algo, así que iba con bastante ropa en brazos, en la parte superior llevaba mi teléfono celular y al entrar al cuarto de baño, me entretuve unos instantes liberando espacio para colocar mi ropa y lo demás sobre una mesita que se encuentra tras la puerta.
El asunto no tendría la mayor relevancia, de no ser porque al volverme hacia el retrete, descubrí una fuga, por lo que me incliné hacia ahí para acomodar la palanca y que el agua dejara de escaparse; sí, soy una persona poco cuidadosa y sí, fue un momento de mala suerte, mi celular, un Nokia E72 se deslizó al inclinarme y se fue... ¡oh sí!, se fue directo al wc, donde cayó con todo su peso.
Confesaré que permanecí por un segundo absolutamente inmóvil mirando mi teléfono hundirse en el agua y cuando mi cabeza hizo la conexión necesaria, recordé que tenía que salvarlo... ¡era mi teléfono, mi segunda mano, mi otro cerebro!