Es complicado, todo lo que se refiere a este asunto se ha vuelto por demás complicado y lo peor de todo, es que siguen pasando los días y el problema no tiene trazas ni de resolverse ni de sanarse y mucho menos de que sepamos aunque sea una parte de la verdad; en México la verdad es caprichosa, la verdad es volátil... la verdad mata, por eso pocos o mejor dicho nadie deja de pensárselo tres, cuatro o hasta cinco veces antes de aceptarla y muchas más veces antes de revelarla. En México es muy probable que la verdad no exista.
O fue asesinada.
Décadas después de la masacre de Tlatelolco, tuvimos la oportunidad de acercarnos a la verdad, por fin los gritos sirvieron no para ser escuchados pero sí para incomodar y acabaron por aflojarse los que tenían que aflojarse, víctimas del cansancio o el fastidio y nos dejaron conocer un poquito de lo que realmente pasó; igual no acabamos por conocerlo todo, ni lo conoceremos nunca. Pero el 2000 llegó con mucha más información, vimos el inicio de un nuevo siglo con revelaciones de lo ocurrido en aquellos trágicos meses del 68; ahora, cuando escuchamos lo que ha pasado en Ayotzinapa y contemplamos vídeos donde los jóvenes alumnos hablan del miedo que los rodea, de los cuestionamientos que acompañan a sus planes a futuro...
¿Tendremos que esperar más de 30 años, para saber lo que pasó aquella trágica noche de septiembre en Guerrero?, ¿habremos de esperar a que se ablande quién sabe quién, para entender lo que ocurrió?... ¿aceptamos la "verdad histórica" de la PGR, como se generaron tantas otras verdades-sospechosas, en Tlatlaya, Aguas Blancas, Acteal, Atenco y de más?; corren las manifestaciones todavía hoy, los medios las acallan como pueden y las tachan de vandalismo, todavía vemos playeras por las calles de "Nos faltan 43" y en universidades y preparatorias, aún permanecen las sillas en sitios de interés, con las fotografías pegadas con cinta y las pancartas que sentencian "Ni perdón, ni olvido".
