
En los últimos días cosas preocupantes han acontecido en
México, un país ya de por sí marcado por las tragedias y que lleva muy en alto
y con un desagradable orgullo su apelativo de el lugar "en el que no pasa
nada"; vivimos con tristeza y nostalgia ajena y propia los días que nos
acercaban a una de las fechas más vergonzosas de la historia nacional: el 2 de
Octubre, veíamos con sorpresa e incredulidad las marchas multitudinarias de
alumnos del Instituto Politécnico Nacional que ante el orgullo de muchos y el
asombro de otros tantos, tomaban las calles de la Ciudad de México, como 46
años atrás, y clamaban porque se les escuchara y se les resolviera justamente.
Parecía otro año de manifestaciones y memorias apasionadas y perpetuas -hasta
que pase la fecha- hasta que empezamos a escuchar y ver los noticieros y nos dimos
cuenta que no, no era otro año más; cuando menos acordamos, estábamos
presenciando una de las cosas más extrañas, indignantes y alarmantes que han
ocurrido en los últimos años, con las escuelas Normales Rurales: la persecución,
el ataque, el homicidio y desaparición de alumnos de la Escuela Normal Rural Isidro
Burgos de Ayotzinapa, Guerrero.
Para alguien
que ha vivido desde las primeras horas de su vida (y hasta de su vida prenatal)
en el ambiente de las Escuelas Normales Rurales, la situación actual es tanto
un asunto personal, como un asunto de alarma total; mis padres laboraron toda
su vida en el ambiente de estas escuelas tan particulares, mi padre alumno,
egresado y profesor en una de ellas, la de San Marcos, y mi madre,
administrativo de la misma desde muy temprana edad; hoy día yo trabajo aquí,
incluso desde ella les escribo, soy administrativo aquí con el sueño de llegar
a ser docente, de compartirles un poco a esos chicos.
Las escuelas de
este tipo tienen muchas problemáticas, unas externas y otras más internas,
sería un error pensar, asumir, que son escuelas gloriosas todavía como en sus
tiempos dorados, hoy por muchas situaciones, son escuelas que sufren, enfermas
y que padecen solas; sin embargo, son escuelas fuertes, símbolos de energía y
de transgresión contra aquellos que significan represión, injusticia, etc.